martes, 27 de diciembre de 2011

Cervino (I)

Un día algún amigo te propone salir a caminar por la sierra. Al principio algo suave, poco recorrido y con buen tiempo. Te gusta y quieres más. Pronto logras las primeras cimas y las marchas se van alargando y haciendo cada vez más duras. La montaña va envolviéndote y vuelves una y otra vez. En poco tiempo eres capaz de identificar todas las cimas y valles de la sierra de Guadarrama. Te sientes bien allá arriba. Aprendes a sufrir en las subidas, con frío o calor, pero sobre todo disfrutas el camino.
No tardas en dar el salto y emprender viaje buscando otras cimas. Sin apenas darte cuenta viajas a Picos de Europa. Todo es nuevo allí. Sus abruptos valles, sus agrestes cimas, sus escarpadas paredes y sus majadas de ensueño. Pirineos te asombra la primera vez que llegas a esa cordillera. Valles infinitos, nada que ver con lo que te rodea, nieve en épocas desconocidas para ti y altitudes que te asombran. Por fin, haces tu primer tresmil. Ya has logrado pisar una cumbre de más de 3000 metros de altitud. Todo un logro con tu bagaje. La montaña ya te ha enganchado, inviertes vacaciones, puentes y la mayor parte de tu tiempo libre en viajar buscando aventuras en la montaña. Cada vez más necesitas la montaña. Te sientes bien a su lado.
Vas aprendiendo, poco a poco, a manejar crampones y piolet que te den seguridad en invierno. Haces, también, tus primeros pinitos con cuerdas y mosquetones y pronto te familiarizas con todos estos aparatos no hace mucho desconocidos para ti
Con todos estos conceptos aún sin fijar en tu cabeza, estando aún en pañales en esto de la montaña un buen día alguien te propone un viaje. Ni más ni menos que un viaje a los Alpes, cuna del montañismo moderno y una de las cordilleras más inhóspitas y duras de la tierra. Paraíso de esquiadores y montañeros en esta cadena montañosa europea se encuentran cimas y paredes legendarias que han sido escenario de escaladas memorables y de terribles tragedias. Eiger con su terrible cara norte, Grandes Jorasses, Mont Blanc, Lavaredo, Monte Rosa, Dru son algunos ejemplos de montañas alpinas en las que se han forjado las leyendas del alpinismo y en las que muchos montañeros dejaron su vida. Entre todas destaca una por su belleza, por su forma y por su historia. El pico más famoso de los Alpes, una montaña cargada de heroísmo y tragedia, una cima que, hasta no hace mucho, se creía inexpugnable: El Matterhörn o Monte Cervino. No en vano fue la última de las montañas principales en ser escalada.
Le das mil y una vueltas y aceptas el reto. En tu mente se graba esa imagen del Cervino tantas veces repetida en publicidades varias. La imagen que se obtiene desde la localidad suiza de Zermatt con la arista Hörli en primer plano, considerada via “normal” de las ascensiones al Cervino.
No hay mucha información en Internet acerca de este pico pero toda la que hay la devoras intensamente. Lecturas y vídeos que puedan arrojar algo de luz sobre todo lo que supone un reto de esta dimensión.
Es imposible dejar de pensar, día y noche, en esta montaña con forma de pirámide. Mil preguntas se agolpan en la cabeza tratando de obtener respuestas imposibles. De pronto te encuentras con la descripción de la primera ascensión a esta montaña y la sangre se hiela. La respiración se contiene mientras lees apasionadamente una historia de pundonor, valentía y algo de obstinación que dieron como resultado la conquista de la cima del Matterhorn a 4.478 m para una cordada de siete montañeros capitaneados por el inglés Eduard Whymper a finales del s. XVIII Un resbalón al inicio de la bajada precipita a cuatro de ellos al terrible abismo de la cara norte. La tragedia acompaña esta montaña ya desde su primera ascensión.

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