Desde el mismo momento de la propuesta comienza un duro entrenamiento físico y mental con el objetivo de ir lo más preparado posible. Escaladas en roca, trepadas con y sin cuerda, escalada en rocódromo, carrera de resistencia, algo de bici…... además de la fuerte convicción desde el primer momento del éxito de la expedición. Te visualizas en la cima una y otra vez y no hay ninguna opción que no sea conquistar la cima, llegar arriba. Cada vez se acerca la fecha fijada como día de salida y los nervios van haciendo acto de presencia. Físicamente sigues bien aunque en la mente ya aparece alguna fisura. Te preguntas si realmente estás preparado para una empresa de esta magnitud, si el Cervino es para ti o te quedará muy grande. Le das una y mil vueltas pero sigue sin haber respuestas. Algunas veces piensas que es asequible, que podrás con ello y otras ves cómo ese coloso te puede, dudas, flaqueas, no lo ves claro pero sigues adelante esperando que la fuerza mental te llegue como por ensalmo Cientos de emails entre los miembros del equipo compartiendo documentos, rutas, imágenes, dando ánimos. Quedadas a escalar o a comentar acerca de la, cada vez más cercana, aventura. Repasas mentalmente todo lo que tienes que llevar, todo lo que quieres llevar. Equipo, alimentos, ropa… que no falte nada. La sempiterna pregunta de si estarás preparado para esta empresa. Ya no hay vuelta atrás.
En la madrugada del 21 de abril de 2011, Jueves Santo, mientras llueve a cántaros en Segovia cuatro amigos comienzan una aventura, un apasionante viaje para intentar escalar el Cervino por su arista Hörli. Cristina, Carlos, Juan y Javi componen una expedición cargada de ilusión y de ganas de ver de cerca ese coloso, ese monumental colmillo que se alza majestuoso en la frontera entre Suiza e Italia. La furgoneta de Carlos, una Volkswagen California con camas y techo elevable, a la que cariñosamente, llamamos “Carcolin” inicia su marcha camino de Zermatt en Suiza. Pronto amanece y la temperatura se hace algo más agradable. La furgoneta sigue devorando kilómetros por la A-2 en dirección a la frontera francesa. Alguna parada para repostar combustible y tomar un café, para estirar las piernas o ir al baño y poco después del medio día cruzamos la frontera franco-española por La Junquera. Allí, ya en tierras galas, paramos a comer e inmediatamente reanudamos la marcha. Conversaciones variopintas, vídeos o películas en el ordenador portátil y algún sueñecito hacen algo más ameno el largo viaje. Debemos cruzar España y Francia para llegar a Suiza.
La noche nos sorprende antes de Chambery y es allí donde decidimos pernoctar la primera noche. Carlos convierte la furgoneta en unas cómodas camas que nos invitan a descansar plácidamente.
El día 22 amanece despejado y con buena temperatura. Tras desayunar y asearnos lo imprescindible emprendemos camino de nuevo por tierras francesas hacia Suiza. A media mañana cruzamos la frontera franco-suiza y hacemos un alto en el camino a repostar y, de paso, a comprar el afamado chocolate suizo.
Ya estamos cerca de nuestro destino pero aún nos queda pasar un control policial que, por sorpresa, hay establecido en la carretera suiza. Nos hacen bajar de la furgoneta y la registran exhaustivamente incluso con perros. Nos pasan por las manos algo parecido a una brocha y nos cachean uno a uno acercándonos un perro, suponemos, en busca de droga. Como era previsible la exhaustiva búsqueda resulta absolutamente infructuosa. El pasaje queda en una anécdota sin mayor relevancia.
Por fin a las dos de la tarde, tras día y medio en camino llegamos a Täsch donde se encuentra el camping Attermenzen en el que pernoctaremos. Este pueblecito es el último antes de Zermatt y el último también en el que está permitido el tráfico a motor. Rutinaria inscripción en el camping, comida y una merecida y reponedora siesta son nuestras siguientes actividades.
Si en todo el viaje el Cervino ha estado dándo vueltas en la cabeza, omnipresente, ahora es casi obsesivo. Mil preguntas se agolpan en la mente, todas sin respuesta, un miedo sobrecogedor a lo desconocido, a los riesgos, a lo que pueda pasar. Los nervios a flor de piel.
Repartimos la comida entre todos. Barritas energéticas, bolsitas de te y pequeñas raciones de comida precocinada.
Toca hacer la mochila. El Cervino no se va de la cabeza. Intentas verle pero es inútil. Aún no se le ve. Todavía hay que esperar a mañana.
En la mochila ropa de abrigo, alguna muda, crampones, piolets y la comida. Cenamos. Poco y sin hambre pero hay que alimentarse que el esfuerzo será ímprobo.
Un paseo nocturno trata de relajarnos pero no lo consigue en absoluto. Los nervios siguen tensos y las dudas son ahora imparables. Quizá no debería estar aquí. Quizá el Cervino se me queda grande.
Tratamos de dormir pero cuesta conciliar el sueño sabiendo la empresa que mañana hay que emprender. El cansancio propio de la tensión hace que logremos conciliar el sueño y dormir de nuevo en las acogedoras camas en que se convierte la California.
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