El día 26 despierta soleado. Desayunamos tranquilos e iniciamos una bajada lenta y alegre. Grabando y tomando fotos al Cervino que acabamos de dejar atrás. Tras varias horas alcanzamos de nuevo el telecabina que nos deja en Zermatt. De ahí, de nuevo en taxi hasta el camping. Deshacemos la mochila y nos damos una ducha caliente y reparadora. La mejor ducha de nuestra vida. Tras ella volvemos a Zermatt donde paseamos por el pueblo, nos damos un homenaje comiendo opíparamente y visitamos el museo del Cervino con toda la historia, la leyenda y el encanto que rodea a esta colosal cima. Es sorprendente ver que hay un cementerio de montañeros en este pueblo en el que están enterrados muchos de los que dejaron su vida intentando conquistar alguna de las peligrosísimas cimas de esta zona de los Alpes.
martes, 27 de diciembre de 2011
Cervino (V)
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